El hombre siempre ha tenido la sensación de que
algunos de los fenómenos que le rodeaban seguían alguna pauta concreta, de manera que
podía establecer algunas predicciones al respecto.
Algunos de esos fenómenos permitían una predicción muy fiable
como, por ejemplo, las mareas. Otros no permitían tanta fiabilidad como por ejemplo el
tiempo meteorológico. Aunque se podían establecer predicciones a largo plazo (cambio de
estaciones), las predicciones a corto plazo fallaban en gran cantidad de ocasiones, por lo
que no se podía establecer un "calendario" del tiempo igual al que existía
para las mareas.
Estos fenómenos son naturales, pero existen fenómenos derivados
de la actividad humana que provocan esa misma sensación de capacidad de previsión
"hasta cierto punto". Por ejemplo, la evolución de los mercados bursátiles
también hace tener la sensación de la existencia de ciclos (alcista-bajista y
viceversa), aunque no se pueden establecer predicciones a corto plazo con una probabilidad
del 100% de acierto.
Los tipos de análisis para establecer predicciones son bastante
parecidos en ambos casos (tiempo meteorológico y mercados bursátiles). Se pueden
establecer, al menos, tres tipos:
1º) Métodos basados en modelos matemáticos más o menos
complejos. Para el tiempo meteorológico se utilizan ecuaciones diferenciales que intentan
representar los distintos factores que influyen en la evolución del tiempo (temperatura,
presión, viento, etc.). Para los mercados bursátiles también se pueden utilizar modelos
que tienen en cuenta las variables económicas que influyen en su evolución (inflación,
tipos de interés, paro, etc.)
2º) Métodos basados únicamente en la experiencia de sucesos
anteriores. En cuanto al tiempo meteorológico se pueden señalar la gran cantidad de
refranes populares y el conocimiento atribuído a las personas que dependen del tiempo
como agricultores, ganaderos, etc. En la bolsa también existen personas que utilizan como
único método de análisis su propia experiencia. Son los llamados
"barandilleros".
3º) Métodos mixtos que utilizan los dos anteriores. Para el
tiempo meteorológico se usan, por ejemplo, los "mapas del tiempo" en los que,
junto con la existencia de gráficas de líneas de igual presión (isobaras), temperaturas
de distintas capas de la atmósfera, etc., se utiliza la experiencia del meteorólogo para
su interpretación. En la bolsa hay multitud de métodos de este tipo. Suelen englobarse
en el denominado "Análisis Técnico" e incluye las formaciones de "cabeza
y hombros", "triángulos", "huecos" y un largo etcétera. Además
, existen gran cantidad de indicadores (RSI, etc.) y medias móviles (cortas, largas...).
Por ejemplo, un analista bursátil sabe que después de una formación de cabeza y hombros
no invertida la cotización tenderá a bajar. Incluso puede dar una estimación de la
magnitud de la caída, pero la decisión definitiva de abandonar la empresa o no
dependerá también de si, según su experiencia, las "señales de caída" no
son falsas.
Vemos entonces que la manera en la que el hombre ha intentado
resolver el problema de la predicción de ambos tipos de fenómenos es bastante parecida.
Los resultados también son bastante parecidos: Se pueden
establecer la existencia de ciclos (mucho más específicos en el tiempo meteorológico),
pero no se pueden hacer predicciones fiables en el corto plazo.
En cuanto al tiempo meteorológico, las razones de esta
incapacidad de previsión en el corto plazo están bien determinadas. El proceso físico
del tiempo meteorológico es un proceso caótico, y aunque se utilicen sistemas de
ecuaciones con millones de variables y se utilicen los más modernos ordenadores, es
imposible obtener predicciones 100% fiables ("LA ESENCIA DEL CAOS" Edward N.
Lorenz). La esencia de un proceso caótico consiste en la "dependencia
sensible", es decir, en la capacidad que tiene una pequeña perturbación de las
condiciones iniciales de provocar un cambio total en el resultado de un proceso cuando las
magnitudes que se valoran como resultado tienen unos valores límite claramente definidos.
Ante esta incapacidad de predecir con exactitud el comportamiento
de estos fenómenos incluso existe la teoría de que se comportan aleatoriamente. Esta
teoría es conocida como "ramdom walker" y una de sus formas de confirmación en
los mercados bursátiles es conocido como "experimento del mono". Consiste en
dar a un mono unos dardos que lanzará sobre una pared empapelada con los nombres de las
empresas que cotizan en la bolsa. Posteriormente se sigue la evolución de la
"cartera bursátil" así construída. En Enero de 1998 un diario de prensa
económica empezó un juego consistente en enfrentar la "cartera del mono" con
la de prestigiosas casas de bolsa. Aproximadamente en Abril el mono aventajaba a todas
ellas y los resultados dejaron de publicarse. En el tiempo meteorológico también existe
multitud de anécdotas de previsiones erróneas que hicieron pensar en la incapacidad de
real de previsión de la evolución del tiempo. (Esto es algo parecido a la teoría
"ramdom walker").
Los sistemas caóticos no evolucionan de la misma manera que los
procesos que responden al azar. Tienen pautas que cumplen. Es la dependencia sensible lo
que no permite hacer predicciones, no la inexistencia de pautas de evolución.
Las ecuaciones de los procesos caóticos no tienen que ser
necesariamente complicadas. Por ejemplo, la "aplicación logística" (Y=KX(1-X))
produce comportamiento caótico para determinados rangos de "K" al iterar los
resultados sobre la misma expresión ("CHAOS IN DYNAMICAL SYSTEMS". Edward Ott).
En este caso la "dependencia sensible" consiste en que para determinados rangos
de "K" diferencias extremadamente pequeñas provocan, al iterar el resultado,
comportamientos absolutamente distintos del valor "Y" y que, a la larga, si no
se conocía con absoluta precisión "K", resultan impredecibles.
Es fácil ver entonces lo que ocurre en la naturaleza: aunque
conozcamos una ley que representa un modelo correctamente, si no podemos medir las
constantes o variables con absoluta precisión (temperatura exacta, presión exacta...), y
esto es imposible incluso con los mejores aparatos, puede ser que no podamos hacer
predicciones a largo plazo.
Existen multitud de ejemplos de sistemas simples en los que no es
posible establecer predicciones fiables ("¿JUEGA DIOS A LOS DAOS?". Ian
Stewart.)
Ya hemos visto que los fenómenos caóticos no tienen por qué
responder a representaciones matemáticas complicadas. Tampoco tienen que ser
necesariamente complicados en su apariencia natural. Por ejemplo, los intervalos de tiempo
que pasan entre cada dos gotas que caen de un grifo que gotea forman una serie para la
que, si se utiliza la técnica de las "coordenadas retrasadas", se obtiene un
comportamiento caótico (Scientific American, diciembre 1986.) ("¿Juega Dios a los
dados?", Ian Stewart).
Podemos comparar la evolución de los mercados bursátiles, o al
menos algunas de sus magnitudes, a otros sistemas bien estudiados desde un punto de vista
matemático, es decir, a sistemas para los que si existen modelos. Por ejemplo, podemos
comparar la manera en que crece el precio de las acciones de una cierta empresa a la
manera en que crece la población de una cierta especie. Al principio, si las condiciones
son favorables, el precio de la acción va subiendo debido a los compradores que quieren
esas acciones. Este proceso se realimenta a sí mismo, ya que nuevos compradores que ven
subir las acciones las demandan. Llega un momento en el que el precio es demasiado alto y
se produce una cascada de ventas al haber superado la oferta a la demanda. Los vendedores
intentan vender sus acciones antes de que bajen más y precipitan así la caída. Cuando
el precio es suficientemente bajo el ciclo vuelve a comenzar.
Esta evolución de los precios es generalmente aceptada y
constituye la base de la "Teoría de Dow" respecto a la evolución de las
cotizaciones bursátiles. Las variaciones en esta evolución se producen por factores
externos (políticos, sociales, etc.) o por cambios severos dentro de las propias empresas
(magnitudes "fundamentales").
En conjunto, la evolución de la cotización se explica por el
desequilibrio entre dos fuerzas contrarias: oferta y demanda.
Los modelos básicos que estudian la evolución de la población
de una especie se parecen bastante: una población crece aprovechando las condiciones
favorables del medio hasta que su número es tan alto que el medio no puede sustentarla ;
entonces los fallecimientos superan a los nacimientos y la población decrece hasta un
número suficientemente bajo (aquél que el medio puede mantener) comenzando de nuevo el
ciclo.
Los modelos matemáticos que representan esta evolución
biológica obtienen la cantidad de elementos de una población dependiendo del número
anterior de individuos con expresiones como las siguientes:

En ambas expresiones se produce un crecimiento de la población
hasta que el número de individuos supera a la constante "k". Entonces el
número de individuos comienza a decrecer. Cuando el número de individuos es de nuevo
inferior a "k", la población crece de nuevo y el ciclo vuelve a repetirse. La
segunda expresión es más utilizada por el hecho de que elimina la posibilidad de que el
número de individuos sea negativo.
Lo verdaderamente interesante de estas dos expresiones es que su
representación gráfica es una especie de "joroba" que, como dice Ian Stewart
en su libro, posibilita la presencia del caos, ya que responde a una aplicación
logística para algún valor de la constante.
Vemos entonces que si aceptamos que la evolución de los precios
en la bolsa se parece suficientemente a la evolución del número de individuos de una
población como para tomar modelos matemáticos parecidos , podríamos obtener como
conclusión la posibilidad de la existencia del caos en las cotizaciones bursátiles.
De hecho, en 1960 Mandelbrot ya obtuvo algunas evidencias de
comportamiento caótico analizando largas series de datos relativos al precio del algodón
durante los últimos 70 años. La teoría de Dow se comprueba , en parte, precisamente
estudiando la evolución de la cotización del algodón.
La evolución de los sistemas caóticos, al igual que la de los no
caóticos, puede representarse gráficamente mediante la trayectoria de un punto que
represente el sistema en el espacio de fases. Por ejemplo, un péndulo ideal y con
rozamiento (no caótico) evolucionará en el espacio de fases hasta un punto fijo que
representa su estado de reposo. Si el péndulo ideal no tiene rozamiento evolucionará en
un ciclo que se repite indefinidamente y que representa las oscilaciones infinitas. A
estas estructuras a las que evoluciona un sistema en el espacio de fases se les llama
"atractores".
Los sistemas caóticos también tienen atractores. Su especial
geometría hace que se les llame "extraños". Quizás el más conocido sea
"la mariposa", que representa la evolución del tiempo meteorológico. Una de
las características geométricas de esos "atractores" es la apariencia de que
se doblan y estiran sobre sí mismos infinidad de veces, dando lugar a infinitas
repeticiones sobre sí mismos. Un caso muy interesante y de especial importancia es
"el hombre de Mandelbrot", consistente en la representación gráfica del
atractor de una aplicación logística llevada al campo complejo (Z=z.z + c). Si se
amplifica esta representación gráfica indefinidamente siempre se encuentran diminutos
"hombres de Mandelbrot" exactamente igual al inicial, incluyendo que contienen
sus propios "hombres de Mandelbrot".("¿Juega Dios a los dados?". Ian
Stewart).
¿Ocurre algo parecido para el comportamiento de los mercados
bursátiles?. Es decir, a pesar de la incapacidad de previsión, ¿existe alguna
estructura que "atraiga" el comportamiento del mercado en el largo plazo y que
tenga tendencia a repetirse sobre sí misma?.
En 1946 Ralph Nelson Elliot dio a conocer sus conclusiones sobre
el estudio de los valores del Dow Jones Industrials Average (DJIA). Afirmaba que los
cambios en los precios siguen una estructura armónica básica. Es decir, obtuvo una
estructura a la que el mercado tiende a evolucinar, una estructura que atrae al mercado
como lo hacía el punto o el ciclo en el caso del péndulo ideal. Esta estructura se basa
en una especie de acción-reacción de las alzas y caídas bursátiles.
Pensaba que la evolución de los mercados se debía, como gran
parte de los fenómenos de la naturaleza, a la combinación de dos fuerzas o tendencias:
la constructiva y la destructiva. (Esto es bastante parecido a los modelos que se usan
para explicar la evolución de las especies).
Esta estructura se está provocada por la propia naturaleza del
hombre (el miedo a perder, la ambición por ganar). Como esa naturaleza es la misma, las
formaciones de esa estructura tienden a repetirse.
Elliot aisló trece figuras o movimientos que aparecen en el
mercado de forma repetitiva. Después describió cómo esas estructuras pueden unirse para
desarrollar otras formaciones de mayor duración de estas mismas estructuras, y así
prolongarse durante la evolución del mercado.
Para Elliot el ciclo completo está formado por una estructura
impulsiva (ascendente) de cinco ondas y una correctiva (descendente) de tres.
("Manual de las ondas de Elliot". Inversión)
Este ciclo de ocho ondas es el componente de otro ciclo de tamaño
mayor, de forma que cada componente de un ciclo completo es una versión reducida de sí
mismo. Así, las series de onda de cualquier grado o tamaño tamaño siempre pueden
subdividirse y resubdividirse en otras ondas de grado o tamaño menor y simultáneamente
ser componentes de ondas de grado mayor.
Concretamente, Elliot distinguió nueve grados o tamaños de
ondas, desde el movimiento más pequeño en un gráfico horario hasta el máximo que
podemos encontrar dependiendo del total de datos que estén disponibles. ("Manual de
las ondas de Elliot". Inversión). Actualmente se considera que existen once niveles.
Precisamente fue esta capacidad de escala lo que sorprendió a
Mandelbrot en su estudio sobre las secuencias del precio del algodón: la secuencia de los
cambios no dependía de la escala: se hermanaban perfectamente las curvas de los cambios
diarios y las de los mensuales. El grado de variación había permanecido constante
durante un período de sesenta años. ("CAOS". James Gleick).
Esto nos hace pensar en la verdadera condición de atractor de las
"Ondas de Elliot", pues aunque en esos sesenta años ocurrieron muchos
acontecimientos, el mercado tendía a acercarse a dicha estructura.
Esta estructura es la representación gráfica de la psicología
humana en cuanto a su relación con el mercado bursátil (el miedo a perder, la
codicia...). Desde 1946 la tecnología utilizada en la bolsa ha cambiado enormemente, pero
los sentimientos humanos hacia el dinero (que son los que mueven sus acciones en la bolsa)
no, por lo que la teoría de Elliot, al igual que la teoría de Dow, sigue utilizándose
hoy día como un método más de análisis.
Una de las características de los atractores de los sistemas
caóticos, como ya vimos, es que conservan una proporción entre sus partes que se repite.
Las ondas de Elliot también conservan una proporción basada en la serie de Fibonacci.
Como sabemos, la relación entre un número de la serie y el anterior es 1,618 y la
relación entre un número y el siguiente es 0,618.
Estos dos números son conocidos como "Ratio Aúreo" o
"Media Dorada" e intervienen en gran cantidad de fenómenos de la naturaleza
como algunas estructuras de animales y plantas, reflexión de la luz, ADN, etc.
Si pensamos en las ondas de Elliot como una representación de la
psicología humana (por tanto, un fenómeno natural), resulta sencillo aceptar que
precisamente estos números sean los que establezcan una escala en dichas ondas.
En las ondas de Elliot los números que representan la media
dorada se utilizan para prever comportamientos posteriores, como la profundidad de una
onda de corrección o la duración de una determinada fase del desarrollo de la onda.
Existen incluso herramientas informáticas que, basándose en estas proporciones, calculan
precios objetivos a medio plazo.
Podemos, por tanto, conjeturar las siguientes conclusiones:
- Los métodos de estudio de los mercados bursátiles son bastante
parecidos a los que se emplean para estudiar sistemas dinámicos
en los que la capacidad de previsión se reduce por el carácter
caótico de dichos sistemas.
- El mercado bursátil es comparable a sistemas dinámicos naturales,
como la evolución del número de individuos de una especie, en los que el modelado
matemático permite la existencia del caos.
- La representación gráfica de la psicología humana en lo que se
refiere al aspecto económico presenta características propias de sistemas caóticos como
la existencia de estructuras (ondas de Elliot) a las que se aproxima el sistema en su
evolución, y presentando esas estructuras autosimilitud (hasta en un subnivel 11).
- La escala de estas estructuras se rige por series numéricas
(Fibonacci) que intervienen en otros fenómenos naturales.
José Carlos Maraver
Estimado lector: Te agradecería que me comunicases cualquier
sugerencia, correción o indicación sobre las ideas anteriores; así como me indicases,
si conoces, bibliografía sobre el tema, pues no creo disponer de suficientes datos para
comprobar dichas ideas. Gracias.
Mi e-mail es: jcmrisco@hotmail.com