Entre las principales tendencias que se han dado la vuelta durante esta guerra, una de las que más está llama la atención es el oro, cuyos movimientos están siendo mucho más volátiles de lo que muchos inversores descontaban antes del conflicto.
Para ver la dimensión de su caída solo tenemos que revisar el rendimiento de la materia prima desde el inicio de la guerra: hasta la sesión del lunes, el precio del oro acumulaba nueve sesiones seguidas de bajadas y se situaba más de un 20% por debajo de máximos. ¿Qué está provocando todas estas caídas en el mayor refugio de valor del mercado? ¿Puede seguir bajando esta semana?
¿Rebote real o simple espejismo?
Últimamente, el oro está experimentando movimientos más propios de una montaña rusa que de un refugio de valor supuestamente poco volátil. El ejemplo perfecto fue la sesión de ayer: el oro abría la semana de manera fatídica, con caídas adicionales del 7% que continuaban la mala tendencia iniciada la semana pasada.
Sin embargo, un solo comentario del presidente estadounidense provocó un rebote en la materia prima, que pasó de caer un 7% a cerrar la jornada con pérdidas del 1,3%. Es decir, un movimiento inicial del 7% a la baja seguido de una subida, que terminó estabilizándose hasta cerrar el día con un –1,3%.
Hoy parece que estas caídas generalizadas se han estabilizado y el oro ha abierto ligeramente en positivo (+0,4%), alimentado por la visión de muchos inversores de una posible desescalada del conflicto que evite cambios en la política monetaria que afecten a la rentabilidad del oro, además de un rebote técnico tras las nueve jornadas consecutivas de descensos.
Ahora la pregunta es si el oro podrá aguantar los niveles actuales de 4.400 dólares o si, por el contrario, continuará su descenso hasta los 4.200 dólares. En el corto plazo, el principal catalizador de subidas o bajadas serán las expectativas sobre la duración e intensidad del conflicto.
El oro intenta estabilizarse
Mucha gente habla de que el oro es una reserva de valor. Pero es importante entender por qué se dice esto: es una reserva de valor a largo plazo, ya que históricamente se ha considerado un vehículo de inversión que tiende a apreciarse con el tiempo debido a su oferta limitada y su aceptación mundial.
Sin embargo, muchos asocian esta etiqueta de refugio a la idea de que el activo es completamente inmune a cualquier crisis o salida de capital del mercado. Y nada más lejos de la realidad. El oro no responde solo a un factor, sino a muchos. En ciertas crisis actúa como refugio y se revaloriza, y en otras presenta caídas.
Porque sí: no existe un activo que suba en fases expansivas de la bolsa y que durante recesiones conserve siempre su precio.
De hecho, tras el inicio de una crisis o conflicto global, como el actual o el de Ucrania, la salida de capital suele ser generalizada, por lo que la mayoría de activos caen a corto plazo, incluido el oro.
Por lo tanto, para explicarlo de manera sencilla, diferenciaría el comportamiento del oro ante una crisis y su etiqueta de refugio en dos escenarios distintos. En ambos, el factor principal serán los tipos de interés o las expectativas de cambio.
La relación entre tipos de interés y el oro
El oro reacciona a las expectativas de tipos tras una crisis. En un entorno de inestabilidad donde se bajan los tipos como herramienta de protección para la economía y el mercado laboral, el oro actúa como refugio. Sin embargo, en una situación como la actual, donde hay inestabilidad pero la herramienta para proteger la economía no es bajar tipos, sino subirlos para limitar el impacto de la inflación (provocada en gran parte por el petróleo), el oro tiene un peor comportamiento.
Esto explica por qué, en esta crisis, ante la amenaza de una inflación al alza y el uso de subidas de tipos para limitar daños, el oro responde mal.
Hay que tener en cuenta que, ante subidas de tipos, los bonos del Estado, percibidos como más seguros, ofrecen una buena rentabilidad con menor riesgo, por lo que los flujos se desplazan hacia ellos.
Otros factores que afectan al precio del oro
A esto se suman otros factores que han configurado un cóctel de volatilidad bajista para la materia prima: la apreciación del dólar y la posible venta de reservas de oro por parte de gobiernos para financiar gastos extraordinarios derivados del conflicto y sus repercusiones económicas.
En resumen: el oro sigue siendo un activo refugio sólido a largo plazo, aunque en el corto plazo tiende a mostrar un comportamiento más débil en contextos de bajadas de tipos de interés, depreciación del dólar o aumento de compras por parte de bancos centrales.
¿Por qué se ha vuelto tan volátil el oro?
Debemos recordar que el oro viene de una subida del 64% en 2025, y durante este inicio de 2026 ha continuado con los vaivenes: llegó a subir más de un 20% en los dos primeros meses del año para luego desplomarse durante las cuatro semanas de conflicto, situándose finalmente un 2% arriba desde inicio de año.
Este cambio en la volatilidad es fácilmente observable si comparamos la volatilidad del último año con la de los últimos cinco. En el ETF de oro físico EGLN.UK, la volatilidad ha pasado del 16,5% en los últimos cinco años al 23,4% en el último año. Esto da pie a movimientos más agresivos por parte del metal precioso.
¿A qué se debe esto?
Esta volatilidad se alimenta principalmente de la enorme cantidad de flujos por parte de gobiernos hacia la reserva de valor. Esta tendencia se acentúa desde 2022, cuando comenzó el conflicto en Ucrania y las sanciones a países como Rusia. Ante la amenaza de sanciones internacionales, ciertos países aumentaron sus reservas de oro y redujeron sus reservas en dólares como escudo ante la depreciación de la moneda y la influencia de actores externos en sus reservas estratégicas.
A esto se suman tensiones geopolíticas persistentes, compras masivas de bancos centrales y un entorno macroeconómico dominado por cambios bruscos en tipos de interés y en el dólar. Si añadimos la subida acumulada en los últimos años, obtenemos correcciones y revalorizaciones más fuertes que en el pasado.
Resto de materias primas
Si ponemos el foco en el resto de materias primas, el oro no es el único gran afectado. Observamos caídas generalizadas en el último mes: la plata cae un 22% y el cobre un 10%.
El Bitcoin se impone al oro
Ante esta situación de inestabilidad donde el oro ha perdido terreno, Bitcoin ha emergido como una de las opciones para protegerse ante el shock energético. Desde el inicio del conflicto, la criptomoneda se ha revalorizado aproximadamente un 3%, mostrando resiliencia tras una caída acumulada superior al 40% desde máximos.
No hay una única razón, pero varios factores podrían estar alimentando este rebote: una caída previa cercana al 50%, indicadores en zona de sobreventa y un aumento inesperado del apetito por riesgo.
Este rebote choca con la situación geopolítica, pero coloca a Bitcoin en un punto crítico para probar su narrativa de refugio digital. Si consigue mantener el soporte de 65.000 dólares, la narrativa podría reforzarse.
El resto de criptomonedas siguen el ritmo de Bitcoin en mayor o menor medida. Las que más de cerca lo acompañan son Ethereum, con una revalorización del 5% en un mes, y Solana, con una subida del 4%, frente al 4,5% de Bitcoin.
Análisis realizado por los analistas de XTB


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