El Banco Santander (SAN:MC) se ve afectado por la crisis de Oriente Medio y el bloqueo de facto del estrecho de Ormuz, pero el impacto, hoy por hoy, es más indirecto (a través de petróleo, crecimiento e inflación) que directo sobre su balance, y no supone un riesgo de solvencia en el corto plazo.
Sin embargo, el miedo se ha apoderado del mercado, y dentro de las caídas generales, el sector bancario se está viendo muy afectado. Miramos en el Ibex 35, y el banco con peor rendimiento intradía es el Santander (-8%). ¿En qué se están centrando los inversores?
Santander cerró 2025 con beneficio récord de unos 14.100 millones de euros (+12% interanual), lo que refleja una posición de capital y beneficios muy sólida antes del shock geopolítico. El grupo está muy diversificado geográficamente (Europa, Latinoamérica, EE. UU., Reino Unido, etc.). El modelo se apoya en banca minorista y comercial, consumo, CIB y wealth, de forma que una parte relevante de sus ingresos está ligada al ciclo económico y a los tipos de interés globales.
Petróleo, inflación y tipos de interés
La crisis de Ormuz encarece el crudo y el gas, con alzas inmediatas y riesgo de que el Brent se mueva hacia zonas de 100–150 dólares si el bloqueo se prolonga. Esa subida de energía supone una mayor inflación de costes en Europa y Latinoamérica: energía más cara que se traslada a precios y presiona al alza la inflación general en los países donde opera el banco.
Este contexto puede provocar un cambio de guion monetario, ya que si la inflación repunta de forma significativa, los bancos centrales podrían frenar recortes previstos o incluso retomar subidas de tipos respecto al escenario de relajación gradual que se venía consolidando en 2025.
Para Santander, un entorno de tipos más altos de lo esperado es negativo a medio plazo: más tipos y más inflación dañan la renta disponible de hogares y empresas, elevan la morosidad y deterioran el coste de riesgo del banco.
Crecimiento, demanda de crédito y riesgo de quiebras
Un bloqueo prolongado de Ormuz supone un shock de oferta global que encarece energía, frena el comercio y puede enfriar el crecimiento, especialmente en países importadores netos de energía como la Eurozona. También una menor demanda de crédito “bueno”, ya que las empresas posponen inversiones y los hogares reducen consumo de bienes duraderos, lo que se traduce en menor crecimiento de la cartera de crédito y presión sobre volúmenes.
Empresas intensivas en energía (transporte, aerolíneas, químicas, industriales) y pymes con márgenes estrechos son las principales candidatas a sufrir tensiones de liquidez. En un escenario severo, podría aumentar la probabilidad de concursos y reestructuraciones en determinados sectores, lo que impactaría en provisiones y coste del riesgo de la cartera corporativa del banco.
El BCE preocupado por el alcance de la crisis de Irán
La supervisión europea exige a los bancos, incluida Santander, stress tests de escenarios geopolíticos extremos, y el BCE ya está pidiendo cuantificar el impacto potencial de estos riesgos en capital (hablan de hasta 300 pb de impacto en escenarios adversos).
El punto de partida de capital y beneficios de Santander es holgado, y no hay indicios de riesgo sistémico de solvencia para la entidad; el riesgo se concentra en deterioro de resultados (más provisiones, menos crecimiento) más que en un escenario de quiebra.
Regulatoriamente, la crisis de Oriente Medio entra en el bloque de “riesgos geopolíticos” que el BCE y otros supervisores piden modelizar explícitamente.
Inconvenientes sobre el Banco Santander
Mayor carga de capital por riesgo, ya que el supervisor puede considerar que el escenario implica mayor riesgo crediticio en ciertos sectores o geografías, por lo que podrá exigir colchones adicionales de capital o ajustes en ponderaciones de riesgo.
Aumento de coste de financiación mayorista: la percepción de riesgo geopolítico puede ensanchar spreads en los mercados de deuda bancaria; aunque Santander parte de una posición de financiación diversificada y con depósitos al alza, un entorno más volátil encarece el funding marginal.
En paralelo, el sector bancario es muy sensible a shocks macro y de tipos, por lo que la cotización de Santander puede sobrerreaccionar frente a impactos reales sobre beneficios y capital, ampliando la prima de riesgo percibida por el mercado.
Impacto de la crisis de Oriente Medio en Banco Santander
- Impacto macro-financiero relevante pero gradual: el canal clave es el encarecimiento de energía, el repunte de inflación y la posible respuesta de tipos, lo que afecta al crecimiento, a la calidad crediticia y al coste de riesgo del banco.
- Riesgo de empresas individuales: sí hay riesgo de quiebras o reestructuraciones en sectores muy dependientes de energía o comercio internacional, lo que puede llevar a más provisiones, pero dentro de un marco que Santander gestiona con diversificación, coberturas y colchones de capital.
En un escenario razonable (bloqueo prolongado pero sin escalada incontrolada), el efecto más probable para Santander es una combinación de: algo más de margen financiero por tipos algo más altos de lo previsto, menor crecimiento de crédito y mayor morosidad, y, en conjunto, cierta presión sobre el crecimiento del beneficio, pero sin comprometer la estabilidad del banco.
Análisis realizado por los analistas de XTB

