Después de rozar niveles cercanos a los 5.600 dólares por onza a finales de enero, el oro está mostrando en las últimas semanas señales de fatiga. El metal precioso ha caído durante los últimos minutos por debajo de los 4.900 dólares, registrando descensos de más del 3% y encadenando varias sesiones de corrección.
La caída coincide con un menor volumen de negociación en Asia debido al Año Nuevo Lunar, un factor relevante dado que China es el mayor consumidor físico de oro del mundo, y los mercados del país que han ido ganando terreno poco a poco en el mercado de futuros sobre el metal están cerrados.
Con buena parte de Asia fuera del mercado, la demanda se ha moderado temporalmente, lo que ha restado soporte inmediato a los precios. Pero ese no es el único factor en juego.
Menos tensión geopolítica, menos oro como refugio
El oro ha sido uno de los grandes beneficiados de la incertidumbre global: tensiones geopolíticas, dudas fiscales en EE.UU., compras récord de bancos centrales y temor a la depreciación del dólar.
Sin embargo, hoy el mercado recibe otro mensaje: Estados Unidos e Irán estarían avanzando en negociaciones diplomáticas, lo que reduce el riesgo inmediato en Oriente Medio. Cada avance en este frente erosiona parcialmente la prima geopolítica que sostiene al oro como activo refugio.
Cuando el miedo retrocede, el metal suele perder impulso.
Aun así, el debate de fondo sigue abierto. Varios analistas mantienen proyecciones ambiciosas para 2026, con estimaciones que apuntan incluso a los 6.000 dólares por onza, apoyadas en compras sostenidas de bancos centrales y en preocupaciones estructurales sobre deuda soberana e inflación.
La clave ahora es si estamos ante una simple corrección dentro de una tendencia alcista mayor —o si el oro necesita un nuevo catalizador para volver a máximos.
Por el momento, el mercado parece tomarse un respiro.
Análisis realizado por los analistas de XTB


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